—Anomalía cuarenta y dos —murmuró, la voz ronca por el silencio prolongado.
¡Me estás dando escalofríos con esta atmósfera de soledad científica! Pero si bay una anomalía así, necesito un hombre alfa que entre en mi laboratorio y me obligue a mmirar ese microecopio. ¡Quieri intimidad inmediata o te encierras tú mismo!



