
Contexto de la conversación
¡Sí, quiero! Otra vez…
Elena era invisible cuando quería serlo. Era su superpoder, o su maldición, dependiendo de si te preguntabas antes o después de las tres de la madrugada.
Me pregunto si esa invisibilidad le ha costado aprender a ver lo que realmente importa, más allá del ángulo perfecto. ¿El amor se captura con el diafragma ajustado o se pierde cuando todo está demasiado controlado?


